Cuando en la noche me llegan
los acordes de tu voz
siento dolor por los dos
sentimientos que navegan.
Las ansias se me repliegan
hasta llenar cada poro
con el caudal del tesoro
que has guardado para mí:
yo que estoy latiendo en ti
tú en mi ríes, yo en ti lloro.
Maria Elena Salado
Ven hasta mí que ya quiero
abanicar tu presencia
y desnavegar la ausencia
de aquel tiempo prisionero.
Ven hasta mí sin un pero,
Sin un jamás, sin el llanto
Donde me ocultaba tanto
Dentro de mis ansiedades;
Ven a mis oscuridades
Y alúmbrame desde un canto.
Maria Elena Salado
Dicen que se ha muerto un pez
por mirar a un pescador
con un anzuelo hecho flor
y una lágrima después.
Dicen que ha muerto al revés
porque la muerte burlona
le prometió una corona
de versos y fantasía
y al pez de tanta alegría
toda el alma se le encona.
Muriendo va: lento muere
y un destemblor acosado
deja su pecho apretado
por el dolor que sugiere;
la flor, la lágrima hiere
retorciéndole un quejido
y el pez pierde conmovido
el verso y la fantasía
y en una concha vacía
encierra el sueno vivido.
Maria Elena Salado
En mis noches hay música de brisa
Donde cuentan marinos sus leyendas
Y sus frases se adornan con la prendas
del salitre que suave se desliza.
Un místico susurro de palmeras
hace vibrar el mangle y la ensenada
y se vuelve trova la madrugada
para bogar junto a las primaveras.
Con mi blanco vestuario llego a Octubre,
Hago eterno en mi cuerpo este color
Yo soy rima, vaivén, soy el amor
Que la mano del tiempo nunca cubre
Y a los ojos de todos se descubre
Que palpita en mis calles el folklor.
Maria Elena Salado
Han herido las fibras del poeta
Con el dardo del rechazo
Han desprendido un pulmón
a la poesía,para ahogarla.
han echado un nudo a las gargantas
que sonreían al cantar un poema.
Han querido incinerar metáforas,
bloquear versos
hacer desperdicio de la obra
y sólo han logrado
que renazcan con más fuerzas
las margaritas
y que los pechos aniden
nuevas esperanzas.
Maria Elena Salado
Me pierdo en esa mirada
que me dedicas, pequeño
,me pierdo cuando te sueño
en la frÍa madrugada
y en tu risa clarinada,
perfume de hoja y jazmín;
trino donde el tomeguín
se empeña en ser un tenor;
yo me pierdo con tu amor
en un desierto sin fin.
Maria Elena Salado
Ven hasta mí que ya quiero
abanicar tu presencia
y desnavegar la ausencia
de aquel tiempo prisionero.
Ven hasta mí sin un pero,
Sin un jamás, sin el llanto
Donde me ocultaba tanto
Dentro de mis ansiedades;
Ven a mis oscuridades
Y alúmbrame desde un canto.
Maria Elena Salado
Llueve y en algun rincón
de un inédito poema
el canto se vuelve lema
apretando a la razón.
Devorada inspiración
la que la lluvia ofrecía
y en un gotear de agonía
la voz se deja de erguir
como queriendo morir
en orfandad de alegría.
Maria Elena Salado
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